¿Quo Vadis…? A dónde va la ciencia en la ortopedia.

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Avances en la ortopedia

El cartílago es un tejido altamente especializado cuyas propiedades son la de evitar la fricción entre la articulación de movimiento y la de absorber fuerzas de compresión. Su diseño es asombroso, ya que una delgada capa de dos milímetros puede soportar fuerzas de cientos de kilos sin romperse, y se puede deformar pero recupera su forma. Desgraciadamente, este tejido tan especializado tiene la desventaja de no poder repararse y una vez violada su integridad, es el principio del fin.

La ingeniería de tejidos entra aquí al poder cultivar células llamadas condrocitos que se extraen del propio pacientes y en el laboratorio se le aplican enzimas digestivas para eliminar la malla en la que se encuentran, llamada la mátrix o matriz formada por colágena, una proteína muy popular en el cuerpo que conforma los tejidos conectivos, entre otros, los tendones. Una vez que las células están solas flotando en un líquido llamado medio de cultivo, se les agrega factores estimulantes para que se multipliquen en el orden de veinte a treinta millones y se embeban en una malla de fibrina para luego poder ser implantados.

El líder de esta modalidad es el Dr. Lars Petersen, quien cultivó y reimplantó estas células iniciando una nueva era en la ortopedia. Los inicios Charles Vacanti, un anestesiologo de Masachussets, ganó fama a nivel mundial en 1996 al presentar una imagen de un ratón genéticamente modificado al que le implantó debajo de la piel un modelo de compuesto absorbible en forma de oreja humana, que sería sembrada y repoblada por células de cartílago de origen humano que seguirían la forma del compuesto, probando así que si le damos una orientación espacial a las células del cartílago este puede ser repoblado y la estructura absorbida, quedando el modelo biológico del tejido.

El ratón de Vacanti como se le conocería luego es un icono de la ingeniería de tejidos hoy por hoy. Células madre Uno de los sueños de la humanidad es la regeneración de órganos y tejidos a tal grado que podamos en un futuro prescindir de implantes artificiales llámense prótesis de cadera, rodilla, o bien injertos de teflón suplantando aortas dañadas.

Esto promete ser la piedra filosofal de la Medicina, una tecnología que nos ayude a curar enfermedades mortales o degenerativas, que nos cambie nuestros gastados tejidos por unos nuevos, que nos reivindique ante daños otrora impensable en repararse, tales como la pérdida de tejido cardiaco, cartílago, etc. Las células madres son abundantes en las primeras etapas del feto, cuando apenas es un grupo de células en incipiente multiplicación esta etapa se llama Morula.

Muchos cuestionamientos de tipo ético se elevaron en forma de protestas cuando se trataba de iniciar la fecundación de un ovulo y un espermatozoide para luego dividir y sustraer estas células que tienen el poder de convertirse en cualquier tejido del cuerpo, claro está con la debida señal o llave maestra. Durante la vida fetal, los tejidos se regeneran y luego del nacimiento, los tejidos cicatrizan

Un hecho interesante es que un feto que se le ha detectado labio leporino, es sometido a una cirugía en la cual se le corrige este defecto, luego al nacer, no hay traza de la cirugía, porque hubo una regeneración y no una cicatrización que deja marcas y que no es del mismo tejido funcional. Falta mucho por hacer Aún estamos en pañales, aunque el horizonte está lleno de promesas.

Las células madres de origen embriónico y las pluripotenciales inducidas han sido implantadas en corazón, rodilla, etc., y han resultado en la formación de tumores como teratomas. Esto sucede porque aún no tenemos un estricto control sobre el linaje que producirán, asumimos que sembrándolas en el tejido dañado, tomaran la señal adecuada y luego se convertirán en los regeneradores locales del mismo, esta es nuestra esperanza.

En el mejor de los casos, esta brillante tecnología de las células madre de origen embriónico y de las pluripotenciales inducidas se encuentra aún en sus fases de investigación, ya que al no saber a ciencia cierta cómo programar una célula y estimularla, puede dar virtualmente cualquier tipo de resutlado y no necesariamente buenos.

Así pues, somos testigos del nacimiento de hitos en la Medicina, no sólo en la ortopedia, esperanzas para la humanidad, sueños vertidos por millones de científicos, más aún es por el momento una caja de pandora en potencia. Deberemos de estudiar muy bien el esperanto biológico con el cual comunicar a estos genios de la reparación qué es lo que necesitamos y dónde, no queremos un tumor en vez de un cartílago.

Mientras tanto, y en estos momentos, cientos de equipos en universidades a nivel mundial trabajan mano a mano por alcanzar la llave maestra que nos ofrezca el alivio al dolor y la salud añorada, nos queda seguir investigando, asombrarnos y redoblar la curiosidad para que la flama de la investigación no se apague.