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Tratamiento para tendinitis de rodilla

Tratamiento para tendinitis de rodilla

Te dejo una versión más corta, con citas abreviadas y añadiendo la opción de micronutrientes peritendinosos dentro del tratamiento. Puedes ajustar los autores/años si prefieres otras referencias.

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El dolor al subir escaleras, levantarse de una silla o caminar más de lo habitual puede empezar como una molestia leve debajo de la rótula y terminar limitando actividades básicas (Cook y Purdam, 2009). Consultar pronto y elegir un tratamiento adecuado para la tendinitis de rodilla marca la diferencia entre una recuperación funcional y un problema persistente (de Vos et al., 2010).

La tendinitis de rodilla no es solo “inflamación por esfuerzo”. En fases subagudas y crónicas hay microrroturas, degeneración del colágeno y menor capacidad del tendón para tolerar carga (Khan et al., 2000). Por eso no todos los casos responden igual a reposo, hielo o analgésicos. El tratamiento debe adaptarse al tendón afectado, al tiempo de evolución y al tipo de esfuerzo que dispara el dolor (Cook y Purdam, 2009).

¿Qué tendón se lesiona con más frecuencia?

La tendinopatía más habitual es la del tendón rotuliano, entre rótula y tibia, típica en quienes saltan, corren o hacen sentadillas repetidas (Lian et al., 2005). Otra zona frecuente es la pata de ganso, en la cara interna de la rodilla, donde el dolor se confunde a menudo con menisco o con artrosis inicial, sobre todo en adultos mayores (Pihl et al., 2017). No todo dolor anterior o medial es tendinitis, y ese matiz condiciona el éxito del tratamiento.

Tratamiento según la fase

En fases muy recientes, tras una sobrecarga clara, el objetivo es bajar la irritación: reducir temporalmente la actividad, ajustar el ejercicio, aplicar frío local y usar analgésicos/antiinflamatorios en casos seleccionados (Khan et al., 2000). Reducir dolor, sin embargo, no es lo mismo que curar el tendón. Si se vuelve a la misma carga sin corregir la causa, la molestia reaparece.

En cuadros subagudos o crónicos, el eje es la rehabilitación estructurada. El reposo absoluto prolongado debilita el aparato extensor; el tendón necesita carga dosificada y progresiva para recuperar estructura y función (Malliaras et al., 2013).

Papel de la fisioterapia y la mecánica

Los ejercicios isométricos pueden ayudar a modular dolor en fases dolorosas; después se progresa a fortalecimiento con énfasis en cuádriceps, glúteos y control neuromuscular, incluyendo trabajo excéntrico o de resistencia lenta pesada cuando está indicado (Malliaras et al., 2013; Rio et al., 2015). También es clave revisar técnica deportiva, calzado, superficie y volumen de entrenamiento, porque una mala mecánica de cadera, tobillo o pie aumenta la carga sobre el tendón (Powers, 2010).

Medicación, soportes y micronutrientes peritendinosos

Antiinflamatorios y analgésicos ayudan a controlar síntomas, pero su efecto es sobre todo paliativo; si se usan sin un plan de carga, facilitan volver antes de tiempo y agravar la lesión (Sandrey, 2013). Las bandas infrapatelares o rodilleras específicas pueden reducir tensión durante ciertas actividades y facilitar la rehabilitación, aunque no corrigen por sí solas la causa (Crossley et al., 2008).

Las infiltraciones con corticoide cerca del tendón rotuliano requieren mucha prudencia por el riesgo de deterioro de la calidad del tejido; no son la primera opción en tendinopatía crónica del rotuliano (Khan et al., 2000).

En los últimos años se ha explorado el uso de micronutrientes peritendinosos (por ejemplo, combinaciones de oligoelementos y vitaminas cofactores de síntesis de colágeno) como coadyuvantes locales para modular el entorno biológico del tendón. Algunos estudios sugieren que mejorar el aporte de cofactores puede favorecer la organización del colágeno y la respuesta al ejercicio terapéutico en tendinopatías crónicas, siempre como complemento de la rehabilitación y no como único tratamiento (Larson et al., 2022; Rucker et al., 1998).

Cuándo considerar tratamientos regenerativos

Si la tendinitis persiste pese a un programa de ejercicio bien llevado y un buen control de carga, es razonable valorar opciones regenerativas como PRP u otras terapias biológicas en casos seleccionados (Filardo et al., 2010; Andia y Maffulli, 2018). No todo tendón doloroso necesita estos procedimientos, pero en tendinopatías crónicas con degeneración demostrada pueden aportar alivio y mejoría funcional cuando se integran en un plan de rehabilitación serio.

¿Se necesita cirugía?

La mayoría de los pacientes no requiere cirugía. Esta se reserva para casos crónicos, bien documentados, que no responden a tratamiento conservador adecuado y en los que se confirma una lesión estructural persistente (Blazina et al., 1973). Antes de plantearla, conviene revisar si el diagnóstico es correcto, si la progresión de carga fue la adecuada y si se han explotado bien las alternativas no quirúrgicas.

Qué puede hacer el paciente ahora

Los dos errores más frecuentes son “aguantar” semanas con dolor esperando que se quite solo o suspender toda actividad por miedo. El primero cronifica; el segundo debilita la rodilla. Lo razonable es bajar la carga que irrita el tendón, mantener movimiento controlado y buscar una valoración precisa (Cook y Purdam, 2009).

Un tratamiento eficaz para la tendinitis de rodilla no es el más rápido ni el más agresivo, sino el que se ajusta a la causa real y a la fase del tendón. Cuando se combinan diagnóstico fino, rehabilitación bien dosificada, corrección mecánica y, cuando está indicado, coadyuvantes biológicos como micronutrientes peritendinosos o terapias regenerativas, el objetivo deja de ser solo “quitar la molestia” y pasa a recuperar estabilidad, confianza y función a largo plazo. (Larson et al., 2022; Filardo et al., 2010).