Reparación de menisco con radiofrecuencia
Un menisco lesionado no siempre significa lo mismo. Algunos pacientes tienen un dolor punzante al girar la rodilla, otros refieren bloqueos al ponerse de pie, y otros arrastran inflamación por semanas sin entender por qué no mejoran. En este contexto, la reparación meniscal asistida con radiofrecuencia puede formar parte de una estrategia de preservación de tejido cuando se indica de forma cuidadosa (Pavlovich et al., 1998; Pavlovich y Monllau, 2010).
La clave es que no toda rotura meniscal se beneficia igual. Antes de elegir una técnica concreta, es imprescindible definir el tipo de desgarro, su localización, el tiempo de evolución y el estado global de la rodilla, incluyendo desgaste cartilaginoso, inestabilidad o alteraciones de alineación (Makris et al., 2011).
¿Qué aporta la reparación de menisco con radiofrecuencia?
La radiofrecuencia utiliza energía térmica controlada para trabajar el tejido meniscal por vía artroscópica. Bien usada, permite regularizar bordes inestables, tratar fibras dañadas y complementar otras técnicas de preservación, con menor agresión sobre el tejido sano adyacente (Pavlovich et al., 1998). No es “pegar” el menisco con calor ni sustituye a las suturas meniscales clásicas; es una herramienta adicional dentro del arsenal de preservación cuando se aplica con criterio.
Indicaciones: cuándo puede ayudar
La radiofrecuencia puede considerarse en desgarros que generan síntomas mecánicos o dolor persistente, siempre que exista menisco de calidad suficiente para preservar. El objetivo es conservar la mayor cantidad posible de tejido funcional, dado el papel del menisco en la distribución de carga y la protección del cartílago (Englund et al., 2008; Makris et al., 2011). En lesiones pequeñas o degenerativas seleccionadas, la remodelación cuidadosa con radiofrecuencia puede estabilizar el borde meniscal y reducir síntomas, especialmente cuando se integra en un tratamiento artroscópico global (Pavlovich y Monllau, 2010).
Cuándo no es la mejor opción
En presencia de artrosis avanzada, daño cartilaginoso extenso, deformidad importante o roturas irreparables, el problema principal suele sobrepasar al menisco aislado (Englund et al., 2008). En lesiones degenerativas crónicas de pacientes mayores, donde el dolor se relaciona más con el desgaste global que con el desgarro, suele ser más apropiado priorizar rehabilitación, control de inflamación, medicina regenerativa y otras medidas de preservación articular antes de plantear una intervención focal sobre el menisco (Khan et al., 2014).
Beneficios y límites reales
Entre los beneficios destacan la precisión y la mínima agresión: el trabajo artroscópico con radiofrecuencia permite tratar el tejido lesionado con incisiones pequeñas y visión directa (Pavlovich et al., 1998). Además, ayuda a preservar menisco, algo especialmente relevante porque la meniscectomía amplia se asocia a mayor riesgo de artrosis a largo plazo (Papalia et al., 2011).
Sus límites también son claros. La radiofrecuencia no regenera por sí sola un menisco muy deteriorado, no corrige una rodilla inestable con lesión ligamentaria ni resuelve el dolor de una artrosis avanzada (Makris et al., 2011). El resultado depende tanto de la selección del paciente y del patrón de rotura como de la rehabilitación posterior y del control de carga.
Decisión individualizada
La decisión de usar o no radiofrecuencia no se toma a partir del informe de la resonancia, sino de la combinación de historia clínica, exploración y correlación imagen–síntoma (Logerstedt et al., 2018). En muchos casos, un manejo no quirúrgico estructurado con fisioterapia, optimización de la mecánica y, cuando está indicado, terapias biológicas, puede ser suficiente (Andia y Maffulli, 2018). Cuando existe bloqueo mecánico claro, fallo del tratamiento conservador o una lesión que compromete la mecánica de la rodilla, la opción artroscópica —incluida la radiofrecuencia en desgarros seleccionados— cobra más sentido (Pavlovich y Monllau, 2010; Papalia et al., 2011).
En ese marco, el valor de la técnica no está solo en la tecnología, sino en el enfoque global: preservar menisco cuando tiene sentido, evitar procedimientos innecesarios cuando no lo tiene y alinear la indicación con las expectativas y la función real del paciente.

